sábado, 18 de febrero de 2012

Historia comparada del Nacionalismo gallego y bretón

Historia comparada del Nacionalismo gallego y bretón
Cogido del forum Galleicia

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JESÚS DE JUANA - XAVIER DE CASTRO

El galleguismo, el movimiento político-cultural que ha personificado tradicio-nalmente la defensa de los intereses y de las aspiraciones de Galiza, se fundamentó teórica y doctrinalmente en buena medida en el panceltismo, en la consideración de pertenecer como miembro a una civilización y un modo de entender el mundo desde una base atlántica, vinculado a ese tronco común del que también forman parte la isla de Man, Highlands, Cymru, Kornuall, Eire y Breizh, y que se enfrentaba, con nuevas perspectivas, a la civilización mediterránea y latina que el estado español representaba.

Este planteamiento ideológico^ familiariza sin reservas y aporta indudable interés a la pretensión de comparar la similitud o diferencias en el desarrollo de ambos nacionalismos y la realidad histórica de Breizh y Galiza en la que se asentaba.

ASPECTOS GENERALES

Galiza, cerrada físicamente por el Este con el macizo galaico y por el Sur con la frontera del estado portugues, se configuró como una tierra aislada, con grandes dificultades para relacionarse con el interior y abocada, por tanto, a considerar como salida natural el mar que le penetra profundamente por las rías. Su localización geográfica determina un clima atlántico de alta pluviosidad que hacen posible la perennidad de un verde paisaje que, aunque más quebrado y montañoso, por su vegetación, abundancia de cursos fluviales, bocaje de los campos y otros aspectos recuerdan al de Breizh.

Durante la etapa contemporánea, Galiza va a mantener unos rasgos característicos que, en buena parte, son herederos directos de la excesiva y larga permanencia del Antiguo Régimen. La peculiar evolución de la propiedad

y disfrute de la tierra^ dio lugar a que se mantuviera una organización compleja en beneficio de unas clases rentistas que absorbían, a través del sistema foral y otros derechos anacrónicos a él aparejados, el excedente agrario. Es cierto que las Desamortizaciones (1837 y 1855), que en Galiza sólo significaron un cambio de propiedad de las rentas que percibía la Iglesia, simplificaron algo esta situación suprimiendo los beneficios económicos de ésta, tradicional poseedora del dominio eminente, pero no fueron suficiente para modernizar su estatuto jurídico (alcanzar la plena propiedad) ni su producción (minifundismo y autosuficiencia), aunque se diversificaron los productos y se incrementó la explotación con la leneralización del cultivo de la patata y el maiz.

La organización económica gallega, basada en una agricultura tradicional y una industria artesanal estancada en una estructura propia del xviiP, no fue capaz de dinamizarse -como fue el caso concreto del sector textil- al ritmo que la población y los nuevos modelos de producción capitalista exigían, porque las clases dominantes (burguesía e hidalguía) no tuvieron la necesidad, ni el espíritu, de invertir en la industria el dinero que recibían del campo. La desarticulación artesanal, el desarrollo de los transportes, una política favorable y el fantasma de la crisis de mediados de siglo acentuaron durante la segunda mitad del xix una de las terribles características del pueblo gallego: la emigración.

Por otro lado, la política proteccionista de Madrid, volens nolens, ahogó el futuro de algunos prometedores sectores, como el comercio exterior de madera o el ganadero (éste sufrió además la competencia suramericana), o los perjudicó en su renta- bilidad, como el conservero.

El caso de Breizh en relación al estado francés presenta cierto paralelismo matizado. Es cierto que el antiguo régimen agrícola persiste durante las dos o tres primeras décadas del xix, pero después hay una positiva evolución, una mayor diversificación y aumento de la producción hasta alcanzar su máximo apogeo en los inicios del xx. Pero los otros sectores económicos no seguirán esta constante.

El comercio atlántico y la industria textil a él ligada decae por culpa del bloqueo continental. Debilitada y contrariada en su vocación comercial y marítima, la burguesía bretona se repliega y orienta su capital a la propiedad de la tierra, aprovechando el hundimiento de una parte de la nobleza, o en inversiones especulativas fuera del país, y se asienta en una mentalidad claramente conservadora".

El despegue industrial fracasa al tiempo que desaparecen o decaen las industrias tradicionales ante la competencia de los productos ingleses o de otras naciones más desarrolladas del estado francés : las forjas, las minas, el textil, los curtidos, el papel...van quedando desfasadas y arcaicas; las conservas y la pesca del bacalao sufren altibajos^ y, en general, la incapacidad de trasvasar población del sector primario al secundario - y la propia debilidad de éste- contribuye también al incremento de la emigración y al descenso de población.

El desarrollo de los canales (durante la primera mitad de siglo) y del ferrocarril (a partir de 1851), hechos fundamentalmente -según la óptica nacionalista- con objetivos estratégicos (Inglaterra) y políticos (centralización), no solucionaron gran cosa y perjudicaron a Breizh en cuanto permitió el éxodo al exterior y el mayor control por parte de París, aunque hay que reconocer que fueron un factor de evolución para la pesca, agricultura y el incipiente turismo. Es innecesario decir, porque puede suponerse ante esta panorámica, que los capitales bretones eran mayoritariamente controlados en entidades y lugares de decisión foráneos y, por tanto, no se invertían donde se generaban, y que los intereses nacionales primaban, y a veces se oponían, a los bretones. Lo mismo que en Galiza.



De igual manera, la evolución y las características de la población en ambas naciones presenta ciertas concomitancias. Galiza iniciaría el siglo xix con una población aproximada de 1.350.000 habitantes. En 1860, fecha de publicación del primer censo moderno español, aparece con 1.799.24, en 1900 con 1.980.515 y en 1940 con 2.495.860^ El aumento no es pequeño en términos absolutos, pero si observamos el porcentaje relativo de esa población, nos daremos cuenta de que cada vez representa menos en el conjunto español. Así, en 1787, año del censo de Floridablanca, los gallegos representaban el 13,5 por 100 del total nacional, mientras en 1860 era el 11,49 por 100, en 1900 el 10,64 por 100 y en 1970 sólo el
7,60 por 100. Al mismo tiempo era una población predominantemente rural:
en 1900 el 88,7 por 100 de la población gallega vivía en el campo, y en 1940, el 81,9 por 100^. Otra característica es que este desarrollo demográfico no fue uniforme temporal ni territorialmente, porque se dan períodos de mayor crecimiento (como en la primera mitad del siglo xix y la década de 1930) y desplazamientos internos de la población (La Coruña y Pontevedra crecen, mientras Orense y Lugo se man- tienen o decrecen). El fenómeno causante de estos desequilibrios forma parte muy importante de la peculiar sociedad gallega: la emigración. Por dar sólo una idea aproximada de este hecho, desde 1850 hasta 1930 salieron de su país alrededor de 1.400.000 gallegos^.



Los paralelismos que presenta el caso bretón son abundantes: el mantenimiento del régimen demográfico antiguo durante el siglo xix; la peculiaridad de que la mortalidad infantil, a pesar de la mala estructura asistencial, es mucho menor que la media nacional -y de aquí la proverbial «natalité bretonne»^- e incide en un alto crecimiento vegetativo que no se traduce en real por la emigración; una mayor densidad por km^ en relación a la francesa que, como el peso en el total (8,2 por 100 a finales del xix, va disminuyendo a medida que la revolución industrial y la urbanización se van desarrollando; un alto grado de ruralización, que en 1911 se cifra en Bretagne en el 74 por 100 de la población y en 1910 en Galiza en un 88 por 100; un movimiento interno dirigido a las zonas costeras, a Nantes, y, sobre todo, una emigración exterior encaminada a París, ciudades portuarias y América^". La valoración de este hecho migratorio que se ha realizado tanto en Galiza como en Breizh presenta opiniones muy diferentes en relación al perjuicio o beneficio que ha aportado según se manejen distintas variables, como la puramente económica personal, el ingreso del trabajo, merma de inquietudes y tensiones sociales, desarraigo... Gomo ahorro, reducción de la presión demográfica, debilidad de la fuerza de suele ocurrir con otros pueblos empujados a la emigración, los bretones y gallegos se agrupan en centros solidarios y comunidades de ayuda entre ellos, practicando cierta endogamia, manteniendo vivas las costumbres y los lazos familiares y culturales de su lugar de origen. Con el tiempo, sobre todo ios bretones parisinos después de la Primera Guerra mundial y en especial la segunda generación, va perdiendo importancia el folklore y la nostalgia (a saudade) de la tierra y comienzan a integrarse y aculturarse", como acontece con los gallegos en América.

De los dos países podríamos decir, por un lado: 1) que alcanzaron en el XVIII, en relación a las posibilidades reales del momento, un notable nivel económico-demográfico; 2) que evolucionaron después lentamente hacia las nuevas formas económico-sociales y administrativas impuestas por el capitalismo, la burguesía y la nueva configuración del poder y del Estado; y que 3), en relación a otras zonas, fueron quedando como reductos de sociedades tradicionales, ayudadas por su localización periférica, donde pervivieron comportamientos peculiares, lengua propia, rasgos diferentes frente a la uniformidad que el nuevo sistema imponía en materia económica, demográfica, ruralismo versus urbanismo, influencia de los «señores naturales» y de la Iglesia, mentalidad antigua, etc.



NACIONALISMO GALLEGO Y EMSAV EN EL PERIODO DE ENTRE-GUERRAS

Tanto el galleguismo como la emsav se nos muestran en estos añoscon ciertos rasgos de continuidad pero también con aspectos novedosos. Por lo que se refiere al movimiento de afirmación de la identidad de Galiza se constata que continúa siendo patrimonio de un reducido sector social de ubicación urbana, compuesto básicamente por cuadros profesionales e intelectuales, y que se afianza en la pretensión de buscar esencialmente el apoyo del mundo agrario. Habrá que esperar a los años 30 para que, en el posibilitador marco de la Segunda República española, el galleguismo adquiera una envergadura más notable, llegando a ser su número de afiliados no inferior al de 5.000, y su proyección agraria relativamente importante. Además, ambas cosas seguían una tendencia marcadamente creciente, lo que hubiera abierto perspectivas muy esperanzadoras de no ser por la brusca interrupción de la etapa republicana por el levantamiento militar franquista.

En relación con lo anterior, y condicionándolo directamente, el elitismo sigue siendo una nota caracterizadora del movimiento galleguista considerado en su conjunto. Desde luego que hubo también personas con clara voluntad democratizadora partidarios de darle al galleguismo un sesgo de movimiento de masas. Antón Villar Ponte^'', Alexandre Bóveda, Ramón Suárez Picallo^^, Xaime Quintanilla, Castelao^'^, quizá también Porteiro Garea y Vicente Viqueira, son las figuras más descollantes de esta tendencia que gana, lenta pero inexorablemente, adeptos hasta convertirse en preponderante en 1935, lo cual se refleja de manera patente en la incorporación del Partido Galleguista^^ al Frente Popular en 1936. Pero esto no contradice lo que afirmábamos antes. En efecto, eran muchos los galleguistas que sentían gran fruición considerándose minoría selecta de bós e xenerosos, y que se oponían a que amplios sectores pudieran allegarse a las organizaciones galleguistas para que éstas no perdieran un ápice de
su pureza ideológica. Así, nada menos que el gran teórico del nacionalismo gallego, Vicente Risco, precisaba en 1931: «Iste movimento (se refiere al nacionalismo) raramente se produce na masa do pobo. A masa é de cote neutra e inerte e vai pra onde a levan (...) as masas modernas, incruso na nosa Terra, están todas mixtificadas. Os movimentos nacionalistas, como'aliás todol-os movimentos polítecos e culturáis, prodúcense de cote n-unha élite espritual»^".

A lo que agregaba su correligionario M. Beiras García que el galleguismo no era conveniente que creciera mucho, pues de ser así «aumentaríase a 'masa', pois a esencia do galeguismo quedaría esvaída neste aluvión de gentes e tería que ficar o núcleo 'puro' en procura dun novo fogar para empezar novamente o seu apostolado»^^
Nos encontramos, pues, con que el galleguismo cuaja muy poco, en el comienzo de esta etapa, e insuficientemente, aunque más en los años finales, por su estrecha concepción elitista, aunque también es necesario señalar las dificultades objetivas derivadas de la escasa conciencia nacional de la sociedad gallega que le vuelven impermeable a la asimilación de la ideología galleguista.

Perdura también a lo largo de esta etapa un cierto sentido ruralista. A pesar de que el nacionalismo gallego es una ideología forjada en el medio urbano, por pensadores pertenecientes a la pequeña burguesía de las ciudades gallegas, es hacia la sociedad rural, y más concretamente al campesinado, hacia donde se dirige su acción propagandista. Ello se debía tanto al hecho de que la mayor parte de la población gallega era campesina, y que era además el sector social que mejor preservaba la enxebreza, es decir, la cultura, lengua y demás rasgos peculiares de la identidad gallega, como también a que la burguesía urbana era refractaria a la ideología de la resistencia a la integración en una España uniformista, y el proletariado, escaso en número, estaba enfeudado en doctrinas de marcado cuño obrerista e internacionalista.

Fijémonos ahora en los aspectos novedosos. Destaca ante todo el uso que se hace del idioma gallego. Hasta esta etapa el galleguismo defiende la lengua de Galiza como uno de los rasgos más importantes de su identidad, pero empleaba para ello indefectiblemente el castellano a no
ser en las manifestaciones culturales, singularmente poéticas. Las dos primordiales organizaciones que encuadran el galleguismo entre 1916 y 1936, las Irmandades da Fala y el Partido Galleguista, utilizan de modo prácticamente exclusivo, tanto en la propaganda oral como escrita, el gallego.

Se define y perfila también mucho mejor la doctrina política galleguista.

El artífice esencial de la sistematización de la teoría galleguista es Vicente Risco, con su bien estructurada obra aparecida en 1920 (y revisada después en los años treinta) O Nacionalismo Galego^^. En ella Risco define a Galiza como una nación diferenciada y no ya sólo como una
nación subsumida al estado español, y ello con un enfoque preponderantemente organicista, lo cual por cierto no conllevaba en el terreno político una orientación reaccionaria del conjunto del movimiento galleguista, pues aunque Risco era claramente conservador^^, la línea ideológica dominante era más bien demoliberal. La anterior concepción del galleguismo que consideraba compatible la dualidad de patrias (se sentían miembros de la nación gallega y la española) deja paso a la idea-fuerza de Galiza como patria exclusiva de los gallegos. Además el nacionalismo gallego se configura en esta etapa como un movimiento político genuino, desembarazándose de otras corrientes ideológicas y políticas que como el carlismo, el federalismo, el liberalismo, etc., lo habían marcado profundamente antaño.

No es nuevo que las Irmandades da Fala se pronunciasen por el federalismo, pero sí lo es que el Partido Galleguista solicitase el derecho de autodeterminación para Galiza. Los postulados de universalismo («Galicia, 0célula de universalidade»), anti-imperialismo y pacifismo son también rasgos que aparecen por vez primera. Por lo que se refiere a las formas de gobierno se pronuncian por la teoría del accidentalismo, polarizándose tan sólo en los años treinta por la fórmula de la República; lo cual no es enteramente nuevo puesto que, como ya hemos señalado, hubo un sector del galleguismo decimonónico que abogó por la República federal. Aparece mucho más precisado un programa político que tenía como ejes; la conquista inmediata de la autonomía política, el fomento del cooperativismo agrario y pesquero, la incorporación a Galiza de las tierras colindantes que habían quedado separadas por la reorganización provincial efectuada en 1833^*, la representación en el órgano autonómico gallego de la colectividad emigrada en América, la supresión de los foros que permitiese al campesinado gallego el acceso a la propiedad de la tierra, la inembargabilidad de la pequeña propiedad campesina, el reconocimiento jurídico de la parroquia como célula básica de la ordenación tradicional del territorio gallego, cierta atención al fomento industrial centrado en el aprovechamiento de las materias primas de Galiza (industria pesquera y conservera), aunque este industrialismo aparece sólo en los años treinta y aun entonces con reticencias, y una política arancelaria en función de los intereses económicos de Galiza con especial énfasis en el librecambismo para la importación del maíz necesario a la manutención de la cabana ganadera y la población de Galiza, que dependía aún en medida no desdeñable de esto cereal panificable. Solicitaba también la cooficialidad de los idiomas gallego y castellano, la incorporación del gallego al sistema educativo y medidas en favor de la potenciación de la cultura gallega.

Es, además, característica de esta etapa, la consecución de un instrumento de acción política eficaz, de un partido sólidamente estructurado y activo, que defiende sus reivindicaciones genuinamente nacionalistas con cierto grado de eficacia, logrando así el galleguismo contar con diputados, concejales y algún alcalde. A lo que hay que añadir el reconocimiento de Galiza como nacionalidad por parte de la Sociedad de Naciones en 1933, y la aprobación plebiscitaria del Estatuto de Autonomía de Galiza, en junio de 1936.

Centrémonos seguidamente en el estudio de le mouvement bretón.
Hasta 1918 la emsav no adquiere demasiada entidad como praxis nacionalista.
Bien es verdad que en 1911 había surgido el Partido Nacionalista Bretón superando así las limitaciones inherentes al regionalismo de la Fédération Regionaliste Bretonne (1911), pero siendo al mismo tiempo heredero de su decantación en favor de la ciudad y de la laicización de la acción política, principios con los cuales la pequeña burguesía encuadrada en la FRB había roto tanto con el sentido ruralista como con el carácter aristrocrático-clerical de la Union Regionaliste Bretonne. Ahora bien, el nacionalismo de preguerra tuvo una existencia muy efímera (1911 -1914) y un número de militantes sumamente reducido^^. En la inmediata postguerra surge el Groupe Regionaliste Bretón (GRB) (1918) lanzando al año siguiente su órgano de expresión Breiz Atao. Su proclamado regionalismo, en detrimento del apelativo de nacionalista, obedece fundamentalmente a un propósito táctico de establecer contacto con los elementos más activos de la burguesía bretona que se encuadraban en la FRB, pero también a razones de elemental prudencia política derivadas de la coyuntura de postguerra, nada apropiada para los apelativos que pudieran connotar el espectro del separatismo. En sus comienzos, el GRB actúa con arreglo a unos principios absolutamente elitistas tratante de captar a los sectores económicos dominantes en "vue d'obtenir pour la Bretagne l'equivalent d'un home-rule irlandais". El pueblo bretón no estaba llamado a desempeñar ningún papel en este proyecto.

Breiz Atao, constituido fundamentalmente por miembros de las clases medias de las ciudades intenta representar el papel que le correspondería jugar a una desafecta burguesía. Esta tentativa se salda con un fracaso y el GRB se vuelve virulentamente anti regionalista, contemplando como una posibilidad la vía independentista que el ejemplo de Irlanda en 1921 le señalaba. Pero su radicalización no se produce súbitamente. A comienzos de los años veinte permanecía aún adherido a la teoría de la dualidad de patrias; hablaba así de que «la Bretagne es une patrie», pero también de «la Grande Patrie Frangaise»^*^, y, por lo demás, usaba indistintamente los vocablos región y nación para referirse a Breizh. Su actitud deviene claramente nacionalista en 1927, según señala M. Nicolás^', debiéndose en parte su exacerbamiento a los resultados logrados por los autonomista alsacianos. Es entonces cuando, con total nitidez, caracterizan a Breizh como una nación que aspira a salir de su acefalia política conquistando su propio Estado, volviéndose a situar, de este modo, en la vía marcada por su ascendencia céltica. Como se puede ver es éste un período de gran efervescencia teórica, de tal modo que entre 1920 y 1928 se formula lo esencial de la teoría nacionalista bretona^'', dándose una cierta coincidencia cronológica a este respecto con el caso gallego. Menudean también en este momento las críticas al centralismo, no sólo político y económico, que oprime y explota a Breizh, sino también religioso. De este modo se subraya aún más su emancipación de la Iglesia católica - a despecho de la inclinación bretonante de amplios sectores del bajo clero- que en su calidad de heredera del Imperio Romano y vinculada luego al Estado francés, se sobrepuso a la religión autóctona de espíritu netamente céltico.



Influenciados por el paradigma del nacionalismo alsaciano, los miembros

de Breiz Atao deciden jugar a fondo la carta de la autonomía política,

creando el Parti Autonomiste Bretón en 1927. Con ello los nacionalistas

dan un paso importante destinado a superar las limitaciones inherentes a

un grupo de presión u organización socio-cultural. Se esfuerzan en dotarse

de una estructura partidaria bien articulada y nutrida de numerosa militancia.

Este afán político del nacionalismo bretón protagonizado por la pequeña

burguesía tiene lugar en una época muy próxima a aquella en la

que los galleguistas se empeñan también en tener por fin un instrumento

específico de acción política (1931). Ensayan también, aunque con magros

resultados, la baza electoral en 1930. Este nuevo giro orientado a la conversión

del nacionalismo en un partido de masas lleva consigo el abandono del elitismo y del sesgo intelectualista que caracterizaba a la revista Breiz Atao, con vistas a ganar adeptos en el seno del pueblo: obreros, campesinos y marineros. Este empeño se trunca a causa del fracaso electoral que acrecienta las contradicciones que coexisten en el seno del partido. En efecto, el PAB, no escapa a un hecho delicado que suele caracterizar a las organizaciones nacionalistas y que desde luego se puede constatar tanto en la emsav (por lo menos en el PAB, el LFB y el PNB2) como en el movimiento galleguista: la pretensión de encuadrar a todos los sectores sociales que integran la nación, relegando las diferencias de todo orden que puedan existir (ideológicas, sociales, políticas y religiosas) en aras del común interés nacional. O lo que es lo mismo, en expresión de la emsav: «Ni Rouge, ni Blanc, Bretón seulement». Este rasgo, que denominamos integracionismo, es portador siempre de potenciales conflictos. En el caso del PAB, las discrepancias entre un sector democrático y federalista (más que propiamente nacionalista)^^ y el grupo de nacionalistas radicales e ideología de extrema derecha, capitaneado por Mordrel y Debauvais, unido a las rivalidades personales y a los problemas financieros, conducen a la ruptura del partido.

El sector mayoritario decide crear en 1931 la Ligue Fédéraliste de Bretagne, en tanto que el núcleo federalista, que se hace con la revista Breiz Atao mediante un golpe de mano -intitulándola en adelante La Nation Bretonne- funda un año después el PNB2.

Para Mordrel el revés electoral no era más que una nueva constatación de la escasa conciencia nacional de los bretones, que ya había tenido ocasión de comprobar la indiferencia, cuando no la aversión, con que era acogida la propaganda política de Breiz Atao. La tentación totalitaria era en él un modo de imponer una ideología minoritaria a un pueblo cegado por sus reticencias e indiferencia'"'.

La LFB no llegaría a adquirir gran relieve. Preconiza más bien una orientación de izquierdas, aunque su afán de proyectarse masivamente la lleva a observar una actitud de neutralidad en las cuestiones confesionales, sociales y hasta políticas. La necesidad de enfatizar todo aquello que une a los bretones, silenciando lo que les separa, lleva a la LFB a ver solamente explotadores fuera de Breizh.

El Parti National Bretonne es una organización extremadamente reducida con una ideología nacionalista muy sumaria. Propugna la creación de un Estado nacional bretón y la unión de los bretones relegando cualesquiera diferencias. Ahora bien, su claro anticomunismo sesga sus pretensiones integracionistas. Su ideología no dista demasiado del corporativismo claro del Parti Bretonne Revolutionaire. Todavía más directa relación con el PNB llega a tener la organización armada Gwen Ha Du promovida por Célestin Lainé, que llega a ser su frente armado. En las elecciones del 1936 un conjunto de asociaciones bretonas, a las que se une el PNB forman una coalición con un programa moderado que contemplaba la descentralización y la enseñanza de la lengua bretona, destinada a crear «une sorte de comission parlementaire bretonne», logrando 15 escaños en el Parlamento. Este importante éxito, fruto de la unión coyuntural, se redondeó con la creación de un Comité de Defense des Producteurs Bretons gestado en el Parlamento.

El PNB se debatía en una importante contradicción: su ideología de extrema derecha, lógicamente, debería llevarle a aliarse con la extrema derecha francesa, pero el carácter radicalmente antiautonomista de ésta hacía que el PNB se encontrase dramáticamente aislado. Tal vez por ello su dirigente Mordrel, que por lo demás creía firmemente en el triunfo de los nazis, se orienta hacia esta senda en la que no es seguido por su partido. Cuando la movilización se produce, él en unión de un cierto sector de la emsav -que no toda ella- aplicaron el principio del nacionalismo irlandés: «England's difficulty is Ireland's opportunity», que traería consigo consecuencias muy negativas para la popularidad del movimiento bretón en la postguerra.

No quedaría completo este estudio si no hiciésemos mención de las tentativas nacionalistas llevadas a cabo por el clero bretón, que completaban el regionalismo secularizado de la FRB, la cual, aun llevando una existencia lánguida, no desaparece hasta 1934 (en parte por la transferencia de muchos de sus militantes al PAB). Quizás una de las acciones más resonantes de la tendencia nacionalista fue la consecución de 360.000 firmas en apoyo de la petición de que fuese respetada la integridad de la Bretagne con sus cinco Departamentos.

La organización Bleun Brug, que había fundado en 1905 l'abbé Perrot con el objetivo de promocionar la lengua bretona, a la que consideraba extrechamente unida a la fe católica, se orienta en 1925 hacia el terreno de la política con la pretensión de preservar del modo más incólume posible la sociedad bretona tradicional. Con vistas a ello preconizaba la autonomía como un escudo protector. Pero la jerarquía veía con desconfianza este movimiento y obliga a Perrot a reorientarse nuevamente, en 1927, hacia el campo cultural.

Otro abbé, Madec, promueve un partido "chrétien-démocrate bretón":

Adsao. Contaba para ello con el apoyo del bajo clero en especial de la conservadora región de León. No logra fraguar por no haber conseguido la simpatía del Parti Démocrate Populaire, mucho más implantado en el mismo espacio político de Bretagne en el que intentaba consolidarse Adsao.
También la jerarquía católica, definitivamente aliada con la República francesa, una e indivisible, frenó no poco su desarrollo.
La acción propiamente política de la emsav se complementa con un importante esfuerzo cultural. La lengua y la cultura vernáculas son el aglutinante de la nación y las premisas mismas de cualquier movimiento nacionalista.
En Breizh varias publicaciones afloran en el período de entreguerras.

Destaca sobre todo Gwaiarn, revista literaria empeñada en la
revalorización de la lengua bretona. Sin embargo, el excesivo purismo de su bretón unificado y sus presupuestos enteramente elitistas hacen que su proyección sea muy restringida.

Desempeñó también un papel muy notorio la asociación Ar Brezoneg er Skol, creada en 1933 por Fouéré con el objetivo de reivindicar la utilización de la lengua bretona en el sistema escolar.

El período de entreguerras es para el galleguismo de capital importancia en lo que se refiere a la potenciación de una cultura gallega moderna, utilizando como vehículo de expresión el idioma gallego, masivamente hablado por el conjunto de la población (alrededor del 80 por 100 tenía el gallego como su primera lengua). En 1920 surge una importante revista de cultura, cuyo título, Nos, sirve para denominar a una brillante generación de escritores entre los que se encontraban Risco, Castelao, Otero Pedrayo, Cuevillas y Viqueira. En los muchos números que publica la revista se va forjando la moderna prosa gallega por medio del cultivo literario (prosa de creación y verso ocupan más del 50 por 100 de sus páginas) y también de la etnología, folklore y arqueología. La revista era, desde luego, minoritaria (menos de 500 ejemplares de tirada) pero no tenía el propósito de crear un gallego elitista y apartado del habla popular. Son, además, importantes las publicaciones periódicas Alentó, A Nosa Terra y Logos, promovida esta última por un pequeño número de clérigos que no logra irradiar su galleguismo en los medios sacerdotales y menos aún en la jerarquía.

Se publican también libros en tiradas reducidas, sobre todo poéticos y literarios, algunos de ellos muy importantes. Por lo demás, el Seminario de Estudios Gallegos, a través de las diversas secciones que lo integran, con un criterio interdisciplinar, se aplica al estudio de la realidad gallega en sus distintos ámbitos. Se producen también intentos de introducir el gallego en la escuela por parte de las Irmandades da Fala, y también por los diputados del Partido Galleguista que promueven interpelaciones parlamentarias en tal sentido.





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