ORIGEN POLÍTICO DE LA CHECA Y COMIENZO DE SUS ACTUACIONES
DEPENDIENTES DEL ORGANISMO OFICIAL COMPETENTE.
DEPENDIENTES DEL ORGANISMO OFICIAL COMPETENTE.
A primeros de agosto de 1936, cuando ya había comenzado en Madrid la serie de asesinatos, cuyo número no decreció hasta diciembre del mismo año, se celebró en el palacio del Círculo de Bellas Artes una reunión convocada y presidida por el Director General de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez (diputado a Cortes del Partido de Izquierda Republicana y Grado 33 de la masonería). En la reunión citada, que se celebró con asistencia de representaciones de todos los partidos políticos y organizaciones sindicales que integraban el Frente Popular, se acordó la constitución de un Comité Provincial de Investigación Pública, que, en estrecho y permanente contacto con la Dirección General de Seguridad, debía encargarse de dirigir la política represiva,
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| Viñeta aludiendo al pacto nazi soviético. |
con amplias atribuciones.
El carácter de la checa y su origen no fueron, por lo tanto, tal y como se ha comprobado sobradamente, producto de la convulsión inherente a toda revolución en la cual la masa obra a su propio antojo, independiente del poder establecido. Según testimonios unánimes de cuantos asistieron a la citada reunión constitutiva del Comité Provincial de Investigación Pública, en ella quedó claramente aceptada por el Director General de Seguridad la atribución de amplias facultades con respecto al referido comité, a fin de que, erigido en checa, acordase, sin limitaciones ni formalidades de ninguna clase, los asesinatos que estimase conveniente.
Señalamos lo citado, por considerarlo lo básico y esencial de cuanto sucedió posteriormente en los tristemente recordados lugares, cuya razón de existencia y propagación no puede en modo alguno cargarse a cuenta de seres incontrolados e irresponsables, a los que se permitió que obrasen con plena libertad, sabiendo de antemano cuál iba a ser la reacción de los elementos que iban a actuar en las citadas dependencias represivas.
Entre las declaraciones terminantes que prueban la veracidad de lo expuesto, constan las prestadas por Manuel Roscón, miembro de unos de los tribunales de checa, y Julio Diamante, asistentes a dicha reunión y que depusieron posteriormente ante el Tribunal de Guerra. Estos declarantes, cuyo testimonio citamos como una de las pruebas de veracidad de cuanto se relata, refirieron como el Director General de Seguridad acogió las exigencias de los reunidos, que reclamaban las más amplias facultades para la comisión de crímenes, puesto que no pueden considerarse como ajusticiados aquellos seres a los que se mataba sin un procedimiento judicial. Esta actitud ya no permitía duda sobre el verdadero carácter de las checas, desde el momento que las personas detenidas por los grupos o patrullas, quedaban a merced de la checa correspondiente, la cual no tenía subordinación de ningún género a cualquier organismo competente y legal.
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| Manual chekista original en ruso. |
El Comité Provincial de Investigación Pública, formado a base de diversas secciones o «tribunales», con representación de los partidos y sindicales obreras, que habían enviado sus delegados a la sesión constitutiva, funcionó hasta fines del mes de noviembre de 1936 en los sótanos del Círculo de Bellas Artes. Después se trasladó a un palacio de la calle de Fomento, situado en el número nueve, recibiendo, debido a su emplazamiento, el nombre de checa de Fomento.
Hablar de la checa de
Bellas Artes, e incluso más todavía de la checa de Fomento, es igual que
revivir martirios, torturas y sadismos inconcebibles. Los muros de
aquellos sótanos fueron testigos de crímenes perpetrados en aquel mismo
lugar, y los impactos de las balas permanecen todavía como las más
veraces pruebas de cuanto ocurrió entre aquellas sólidas paredes. En
sus dos etapas de actuación, esta checa dispuso del derecho más
absoluto de vida o muerte sobre toda la población de Madrid. Decir en
aquella época de un ciudadano: «Ha sido llevado a la checa de Fomento»,
era tanto como dársele de antemano por muerto. Las posibilidades de
salir con vida de la garras de los chequistas eran mínimas.

La checa de Fomento tenía delegados fijos de la Dirección General de Seguridad del Frente Popular, circunstancia que corrobora la certeza de que aquella libertad concedida era con pleno conocimiento de los crímenes, torturas, saqueos, etc., que la referida checa llevaría a efecto.
La checa de Fomento
tenía la fuerza suficiente para reclamar a los presos de la Dirección
General de Seguridad y hacerse cargo de ellos, lo que implica una
subordinación de dicho organismo a la citada checa. Esta
entrega de presos se realizaba tanto si eran presos existentes en los
sótanos de la Dirección General de Seguridad, o presos existentes en las
distintas cárceles, en un principio la Modelo, y después Porlier,
existiendo abundante constancia documental de estas órdenes de entrega
dadas por la citada Dirección de Seguridad.
El citado Comité de
Investigación Pública no tuvo como consecuencia la disolución o la
disminución del gran número de checas que en cantidad de doscientas
veintiséis funcionaban en Madrid. Por el contrario, actuaron de modo que
el poder de estas numerosas checas se vio reforzado, puesto que se dotó
de investidura oficial a los asesinos de las mismas. A tal efecto,
fueron considerados como dependientes de la checa «oficial» de Fomento,
con carnet y plantilla en una dependencia para ciertos efectos que no
tenían contacto con su
libertad de acción en su función específica, como era el crimen y el saqueo.
libertad de acción en su función específica, como era el crimen y el saqueo.
Según manifestaciones
hechas por algunos de los miembros de esta checa ante el Consejo de
Guerra que los juzgó, en ella, tanto la condena a muerte como la
libertad, dependían con frecuencia del simple capricho, de la antipatía
personal, y las actuaciones con referencia a cada detenido, muchas
veces, no eran ni siquiera consignadas, o de hacerlo, toda la diligencia
correspondiente a las mismas no ocupaban más de una cuartilla de papel.
Después de
comparecer ante aquel «tribunal» el detenido, éste era insultado y
amenazado con objeto de arrancarle la confesión de sus creencias
religiosas o ideas políticas, cuya existencia daban los interrogadores
por cierta, soliendo recurrir, a fin de sorprender al individuo y
desconcertarle, a estratagemas de diverso tipo.
Así, cuando las
violencias empleadas no bastaban para quebrantar la voluntad del
detenido, o simplemente que en realidad no era cierta la acusación que
se le imputaba, le mostraban a la víctima desde lejos una tarjeta —por
uno de aquellos que, suplantando la autoridad de un juez, hacía las
veces de tal— y trataban de hacerle creer a la víctima que se trataba de
su propia ficha, extraída de los ficheros ocupados a los partidos
políticos enemigos del Frente Popular. Acabado
el interrogatorio, y con él, el «juicio», sin que se le diera
oportunidad por medio de una defensa adecuada, el «tribunal» resolvía.
No era mucho el tiempo que perdían en la deliberación, y de ella en la
mayoría de los casos salía una sentencia de muerte, prescindiendo de
todas las normas que señala la ley aun para circunstancias en las que
las corrientes anárquicas establecen su fuerza.
Este modo de obrar, sin precedentes históricos y que no puede compararse ni con las sangrientas jornadas de la Comunne francesa de la Revolución, había de ser superado, cuando la checa adoptó procedimientos científicos para obtener el mayor grado de tormento aplicado a sus desgraciadas víctimas.
Los acuerdos de
asesinato se hacían constar en la hoja correspondiente por medio de la
inicial «L», como en el caso de libertad efectiva, pero con la
diferencia de que a la inicial «L» se le añadía un punto, signo
ortográfico que servía de contraseña para el inmediato asesinato del
detenido, que era entregado con esta finalidad a alguna de las
brigadillas.
¡Un insignificante punto era el valor que concedían a la vida de un ser humano!
El tiempo de apoyar la pluma sobre el papel, bastaba para conducir a la
muerte a tantos y tantos hombres y mujeres que fueron detenidos y
llevados a la checa. Estas brigadillas constituidas por un jefe, a quien
se le llamaba «responsable», y cuatro individuos más, estaban
específicamente dedicadas tanto a las detenciones y registros como al
cumplimiento de los asesinatos acordados por cada «tribunal».
Cada partido político u
organización sindical integrante del Frente Popular se hallaba
representada en la checa por varios de estos grupos o brigadillas. Y
cuando la tarea que pesaba sobre estas brigadillas resultaba excesiva,
se recurría también para los asesinatos a los milicianos de turno de
guardia, que prestaban sus servicios en el edificio de la checa. Entre
los jefes y «responsables» de tales brigadillas, uno de los más
destacados por su monstruosa actuación fue un anarquista llamado Antonio
Ariño Ramis, malhechor común, fugado de la Penitenciaria francesa de la
Guayana. A este hombre se le supone en su haber la realización de
cientos de asesinatos, tanto en Madrid . como en Vallecas, Fuentidueña
del Tajo y algunos pueblos más de la provincia, a donde, una vez
agotadas las «listas» de la ciudad, acudía para proveer a la checa de
Fomento del número necesario de víctimas, en las que podía saciar el
incontenible furor criminal que poseía.
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De modo fehaciente, por
denuncias formales presentadas por las familias de las víctimas, constan
denunciados ante la Causa General de Madrid más de mil setecientos
asesinatos cometidos solamente por las checas oficiales de Bellas Artes y
Fomento, obrando los nombres y circunstancias de las víctimas, y la
fecha de su detención, datos que no eran comunes a las distintas checas
esparcidas por Madrid.
Para determinar
exactamente los millares de seres víctimas de las checas y que murieron
en las mismas, han de tenerse en cuenta las dificultades creadas por
aquella época de terror, que impedían a las familias de los
desaparecidos determinar los lugares a donde los mismos eran conducidos o
las checas que realizaron el asesinato.
Teniendo también
presente que al Comité Provincial de Investigación Pública afluían para
su enjuiciamiento ilegal y posterior asesinato muchos detenidos
procedentes de otras checas, puede establecerse en muchos millares el
número de asesinatos decididos por el citado comité y ejecutados por sus
agentes y milicianos.
La Dirección General de
Seguridad facilitaba a las checas los ficheros y relación de
antecedentes, «alimentando» a la siniestra labor de las mismas con todo
lo que pudiera interesarles para sus actividades de persecución.
También mediante testimonios fidedignos, consta el estrecho contacto entre los dirigentes de la checa y las máximas autoridades frentepopulistas, que no se limitaron a la relación existente con el Director General de Seguridad, sino que alcanzaban hasta el ministro de la Gobernación.
También mediante testimonios fidedignos, consta el estrecho contacto entre los dirigentes de la checa y las máximas autoridades frentepopulistas, que no se limitaron a la relación existente con el Director General de Seguridad, sino que alcanzaban hasta el ministro de la Gobernación.
Ángel Galarza, a quien
los dirigentes de la checa trataban con gran familiaridad, ministro a la
sazón de Gobernación, dio las disposiciones oportunas para que gran
número de elementos pertenecientes a las checas obtuvieran un carnet en
el que aparecían como agentes del Gobierno.
La Dirección de
Seguridad tenía noticia diaria del balance de las criminales actividades
de las checas establecidas por medio de los delegados fijos en cada una
de ellas. Además, a disposición de estos delegados solía ponerse, con
mucha frecuencia, a detenidos de la Dirección General de Seguridad.
Todo esto que se
pretende dejar bien claro, y por ello insistimos sobre tales extremos,
es una ineludible necesidad el consignarlo al referirnos a todo lo
concerniente a las checas, tanto de Madrid como de Barcelona.
No puede culparse a
grupos de hombres incontrolados, excitados por las más bajas pasiones,
porque estos hombres fueron alentados, instruidos y tuvieron la
protección oficial. Las mentalidades suyas estuvieron bajo el control de
otras de nivel muy superior, y de este modo se convirtieron en
instrumento de éstas, que pudieron emplearles a su antojo y con pleno
conocimiento de causa.



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