Sortu, sus juventudes de Ernai, el sindicato Lab, y la «ong» de ETA Askapena han convocado diversas movilizaciones para mostrar su rechazo a cualquier operación militar contra el régimen de Bashar al-Asad, al que elogian por no alinearse «con el eje sionista-imperialista» y, en cambio, mantener «relaciones con Irán, Hizbula y Palestina».
Para la «izquierda abertzale», «el posible ataque a la República Arabe de Siria se enmarca en el objetivo estratégico de remodelación de un "Nuevo Oriente Proximo" que busca aniquilar mediante la destrucción y el caos cualquier atisbo de soberanía de los pueblos de la región». Ni una sola alusión a los ataques con armas químicas contra la población civil.
Sortu y Ernai acusan a «las potencias imperialistas y sus aliados locales» de facilitar «asesoramiento, infraestructuras, armas y mercenarios a las fracciones más reaccionarias de la oposición armada». Así las cosas, consideran que «el mejor aporte solidario que le podemos brindar al pueblo trabajador sirio y a las pueblos de la región» consiste en «la defensa del derecho inalienable de todo pueblo y, por lo tanto, del Pueblo sirio, a la soberanía y a resolver sus problemas políticos internos sin injerencia alguna». Los proetarras aprovechan la guerra en Siria para atacar a los gobiernos de Francia y España, que «ni aquí ni allí respetan los derechos fundamentales individuales y colectivos de los pueblos trabajadores». ¿Se refieren a ETA?. Y, aprovechando que el Urumea pasa por San Sebastián, Sortu y sus juventudes expresan su voluntad de «redoblar esfuerzos de cara a laconstrucción de una Euskal Herria internacionalista mediante la denuncia del sistema capitalista-imperialista en todas sus modalidades de intervención ya sea económica, política, militar o paramilitar».
Amistades peligrosas
«Por todo ello -añade su manifiesto-, llamamos a la movilización y a salir a las calles para parar esta nueva ofensiva imperialista». Un manifiesto que concluye con un «Gora Siria!» («¡Viva Siria!»). En su día, la «izquierda abertzale» también mostró su disgusto por la caída de Gadafi, el dictador que impuso la tiranía en Libia, no el antiguo pistolero del «comando Vizcaya» Juan Carlos Iglesias Chouzas, «Gadafi», detenido en febrero de 2.000.
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