jueves, 29 de diciembre de 2011

La perspectiva Laboral del Trabajador Europeo

La perspectiva Laboral del Trabajador

“El trabajador no se revelara como verdadero enemigo mortal de la sociedad actual mientras no rechace pensar, sentir y ser dentro de las formas propias de ella. Y ello ocurrirá cuando se percate de que hasta ahora ha venido siendo demasiado modesto en sus reivindicaciones, cuando se de cuenta de que el burgués le enseño a apetecer aquellas cosas que precisamente al burgués le parecen apetecible. La vida del trabajador, o bien es autónoma, es expresión de si misma, y, por lo tanto es dominio, o bien no es otra cosa que el afán de participar en los derechos polvorientos, en los goces, que se han vuelto insípidos, de un tiempo periclitado” Ernst Junger

-Es la Finanza la que se tiene que identificar como enemigo principal ya que en muchas ocasiones perjudica tanto a patrono como obrero.

En nuestra sociedad capitalista, el dinero se convierte en un bien, en una mercancía imprescindible, monopolizada por unas pocas “fabricas” y “tiendas” que especulan con él, haciéndolo escaso y caro. Este mercado de dinero es lo que se llama políticamente “Finanza”, y sus fábricas que monopolizan la creación del dinero son la Banca, mediante el crédito. La ignorancia actual de las masas les hace pensar que el dinero lo fabrica el Estado o la Fábrica de Moneda, cuando realmente no saben que el Estado únicamente es un cliente más de la Banca, que es la que crea el dinero por medio de los creaditos. Aunque los Bancos fueran oficiales (estatales, en el sentido de que su propietario fuera el Estado) actúan en este término como los demás Bancos, creando dinero a crédito con alto interés, haciendo de este algo escaso y valioso.

Lo que tiene que tener en cuenta el trabajador no-burgués molesto, es que sus principales iras no deben ir exclusivamente contra su patrono y empresario, sino que debe saber que la raíz del problema esta mucho mas al fondo, dirigiendo su acción a arrancar la raíz para acabar con todos sus problemas de una vez. Una de esas raíces vitales de esta mala-hierba es la Finanza, la cual dirige los destinos del pueblo hacia la consecución de una sociedad materialista en la que el dinero sea por tanto no ya un bien necesario, sino el único bien deseado. Es la Finanza mediante un ambiente especulativo y avaricioso la que en muchas ocasiones perjudica tanto a patrono como obrero causando las tensiones de la empresa.

EL problema más grave del trabajador actual es que no se siente identificado como tal, ni aun grupo, ni a una comunidad, ni siquiera a una clase.

El trabajo debería ser la fuente de riqueza de cualquier Estado, y no el dinero, ya que el dinero solo engendra dinero. Es por ello por lo que hoy en ida los mas “afortunados” suelen ser aquellos que sin rivalizar ningún tipo de trabajo productivo, se enriquecen por medio de maniobras especulativas, subiendo intereses que son superiores a la inflación, aquellos que se aprovechan de plusvalías en interés privado, la creación de dinero por medio de crédito sin control en bancos privados, etc. Es común encontrar por ejemplo, agricultores que protestan regalando sus patatas, verduras y frutas en plena calle, y también la estupefacción de los consumidores, cuando comprueban en el supermercado el precio que tienen los tomatoes, y demás productos del campo. El que trabaja la tierra se arruina, los consumidores nos arruinamos, pero el intermediario es el que se enriquece, precisamente aquel que no realiza ningún trabajo, que se enriquece con el trabajo de los demás. Por lo tanto, no mucho ha cambiado respecto al siglo pasado, donde los ricos terratenientes e industriales explotaban al trabajador que era el que hacia el trabajo para que los primeros se enriquecieran. La principal diferencia es que esos trabajadores trabajan por su mera supervivencia y la de sus familias, y jamás se les pudo pasar por la cabeza que con su trabajo y salario podrían tener algún superficial capricho de los que gozaban sus burgueses jefes. Estaban unidos por la pertenencia a un grupo, a una clase, para la cual querían un reconocimiento y unos derechos que merecían, y eso les hizo emprender una lucha por la cual consiguieron mucho, aunque no les ha durado mucho tiempo.

El problema más grave del trabajador actual es que no se siente identificado como tal, ni aun grupo, ni a una comunidad, ni siquiera a una clase, ya que en nuestra sociedad prima el individualismo y la nivelación “ideológica” a que no exista más que una clase, un individuo: “El burgués”. La consideración que se tiene hoy es que vivimos en el mundo de los “otros” rodeados por los “otros”, por esos representantes de la época burguesa, bajo dominación de la más vil de las dictaduras: lo que nos rodea es burgués: sociedad, política, economía, trabajo, cultura, familia, etc. Hoy en día el Estado sirve para mantener, a trabes de todo sus instrumentos opresivos y represivos, la relación hegemónica de una clase: la de burgueses (y particularmente de una parte de ella constituida por la oligarquía plutocrática) sobre el pueblo. La dictadura burguesa a emergido y se ha reforzado desde la Revolución Francesa, manteniendo inalterada la única relación que une al burgués con el hombre: relación del explotador con el explotado. Pese a todas las dulcificaciones de asistencia, de prevención, generalmente paternalistas, esta es la verdadera realidad del régimen burgués.

Tenemos que comprender los trabajadores que si la sociedad burguesa nos concede a los dominados una mejora de las condiciones de vida vegetativa (incluyendo las mentales), es para disfrazar las carencias esenciales que nos faltan, siendo las premisas exclusivamente egoístas y económicas sobre las cuales se funda. Se dice que “el diablo se hace más peligroso cuando se ha hecho respetable”, y es consecuente el hecho de las tendencias de hegemonía política por parte de los burgueses, consolidados en un abuso de poder efectivo; lo más peligroso es que ese poder se ha asentado en la mentalidad de la sociedad, y sobre todo entre el trabajador, único y capaz de poder dar la vuelta a esta realidad, encerrada particularmente en esquemas de tensión producción/consumo.

Hoy en dia resulta muy facial para un joven trabajador adquirir un automóvil de alta gama, una televisión o disfrutar de ocios semanales, en cambio es casi imposible compara una vivienda y muchos menos formar una familia.

El capitalista, pues, comprende que aumentando ligeramente el salario del trabajador, este podría comprar el automóvil, la ropa de marca o el televisor producido por el capitalista; el patrón explotador se da cuenta que atudiedno a aquel que trabaja con la obsesión de necesidades siempre nuevas (y, por esto mismo, irreales, ilusorias y artificiales) y obligándole a preocuparse por adquirirlas, podrá intoxicar de trabajo al obrero. Entonces este último, dulce y buena como un buey, (buey que periódicamente podrá mugir por reivindicaciones salariales; al cual a veces se la da la ilusión de comportarse como un toro y dañar el establo) no emprenderá ninguna tentativa para sustituir la hemonia del burgués por la suya propia, porque el trabajador en este momento se convierte en un burgués.

En cambio, todos sabemos lo difícil que resulta, incluso para un trabajador bien posicionado, la adquisición de un derecho fundamental como es la vivienda, donde poder formar su guturo y el de una nueva futura familia. El capitalista ha especulado con el suelo para hacer de este algo caro y valioso como ha hecho con el dinero. Es por ello que con la especulación urbanista salen beneficiados tantos los constructores sin escrúpulos como los bancos, los cuales esclavizan con créditos a 40 e incluso 50 años a todo aquel que se atreve a comprarse un piso. Podemos decir que el sistema nos proporciona con cierta facilidad placeres efímeros y superficiales, pero nos impide obtener bienes fundamentales, a no ser que nos esclavicemos para pagar un préstamo, y con ello poder explotarnos mas cómodamente en las empresas jugando con nuestro miedo, y con el de nuestras familias. Todo ello comprende a una gran conspiración de explotación mundial, ante la cual el trabajador de a pie no quiere darse cuente, sedado por la resignación, mentalidad burguesa, y preocupado más por el deporte y la prensa rosa que por su futuro. Dirigiendo de vez en cuando sus iras ante el patrón de turno, que sin ser inocente, tampoco es el principal culpable de su situación.

El sindicalismo no se puede presentar como una solución al problema, ya que se organiza para defender los intereses únicamente de sus asociados no para defender la justicia de todos los trabajadores.

Algunos pueden creer que la solución está en la agrupación sindical; sin embargo no es mas que otro irrisorio parche mas incapaz de tapar la multitud de agujeros que abordan la balsa y que hace que esta se hunda cada vez más rápido. El principal fallo de los sindicatos es que están creados para defender los interés de sus afiliados, luchando solo por aquello que afecta en el sentido material o profesional, siendo su razón de ser intentar conseguir el marximo beneficio sobre unos, sin importar donde este la justicia. Lo realmente efectivo seria la creación de agrupaciones que no solo agrupen a las clases trabajadores, sino que sea una punta de lanza capaz de abarcar no solo la acción en el mundo laboral, sino en todos los asepctos sociales de la vida popular, porque estamos todos en el mismo barco, y el hecho que salte uno por la borda no va impedir que este se hunda. Con esta perspectiva el trabajador intervendría de forma organizada en la sociedad.

La inmigración conlleva uno de los principales problemas del trabajador europeo en la lucha por sus derechos

El problema de la inmigración y colonización europea por parte de los países del sur, es otro problema creado por el explotador capitalista para perjudicar al trabajador autóctono. El capitalismo para subsistir necesita de la existencia de grandes bolsas de pobreza que le sirvan para minimizar costes dentro del proceso productivo. El ideal de justicia y bienestar por igual para todos pregonando por el progresismo es inviable, no es posible conseguir que todo el mundo tenga el mismo nivel de consumo que se posee en las economías “desarrolladas”, principalmente porque físicamente es inviable al no existir los suficientes recursos. Es por ello que, gracias a los medios de propaganda del sistema, prensa, TV, etc. los inmigrantes lleguen masivamente a nuestro suelo, no solo provocando problemas económicos, sino también problemas sociales, culturales y étnicos a Europa. El capitalista nos vende el argumento muy utilizado para defender la entrada de inmigrantes, haciendo alusión de nueva mano de obra para cubrir los empleos que los europeos no quieren .Lejos de tener una fundamentación solida, este argumento se cae por su propio peso, ya que alude a empleos que los europeos no quieren ocupar por no estar remunerados, no ofrecer estabilidad laboral o que simplemente existen unas condiciones de explotación que son inadmisibles. Así, defender la entrada de inmigrantes para que ocupen estos puestos es una actividad propia de los explotadores, de querer contar con mano de obra esclava a su servicio, y así maximizar beneficios al tiempo que se minimizan los costes de producción. Lo cual conlleva, al aceptar los inmigrantes esos empleos, un perjuicio a los trabajadores autóctonos, pudiendo así los explotadores chantajear a los europeos y tirar por el retrete todos los derechos sociales y laborales conseguidos durante siglos con la sangre de muchas personas. Convirtiéndose la inmigración en un gran esquirol, en una futura lucha obrera y sin contar con el hecho de las ayudas despóticas que el capitalista burgués esta ofreciendo al inmigrante en detrimento del trabajador autóctono, y la discriminación institucional del nativo frente al “invasor” del sur, conllevara con el tiempo consecuencias terribles y trágicas cuando el obreros europeo reaccione y la situación se haga insostenible.

La descapitalización de Europa buscando mano de obra más barata en Estados en vías de desarrollo y el libre mercado imperante, es otro de los retos del trabajador actual.

Ademas del problema de la inmigración, el trabajador se encuentra con la dura competencia provocada por el mercado libre, cuyo objetivo solo es la producción con los minimos costes posibles. Esta realidad está afectando cada vez más a los Estados europeos, como es el caso de España, la cual, en los últimos años ha visto como las empresas multinacionales que antaño dieron trabajo a multitud de trabajadores, ahora cierran dejando en la calle a muchas familias para buscar nueva “mano de obra” en países en vías de desarrollo, donde la mano de obra es más barata, y las condiciones sociales más precarias. Explotando a estos durante unos años, hasta que no les sean útiles y volver hacer lo mismo. La única solución posible antes este problema es una vez más la agrupación de los europeos para hacer frente a la política capitalista del mercado libre nacionalizando empresas y protegiendo el mercado interno, frente a las importaciones de países súper productores como China, que gracias a una mano de obra esclava esta copando el mercado con sus productos, dañando seriamente las economías autóctonas. Sin embargo, el capitalismo burgués también se ha encargado de provocar esas diferencias entre Estados europeos, e incluso dentro de los mismos Estados entre regiones. En el caso del Estado español son notorias las diferencias de mano de obra entre por ejemplo un vasco y un extremeño. También entre otros Estados miembros de la U.E; por ejemplo, una delegación de la empresa quimia Rekia en el País Vasco (España) ha cerrado hace semanas su delegación para trasladarse a Polonia, donde los costes de producción y mano de obrar son más baratos, dejando a la calle a mas de 200 trabajadores. Estas técnicas del capitalismo son las responsables de que surjan movimientos nacionalistas y chauvinistas entre los propios europeos y los miembros de una misma comunidad, y así mantener nuestra desunión para poder controlarnos mejor. No caigamos en ese error: el culpable no es el polaco que va a trabajar en esa delegación, sino el propio sistema Capitalista en el que vivimos y todas sus ramificaciones; otro de los problemas que tiene el trabajador europeo es que no sabe asignar al enemigo correctamente, y así no podemos esperar ningún éxito.

Para poder cambiar esta situación es necesario un cambio de actitud el obrero, un des-aburguesamientos, y trabajar juntos dejando a un lado las diferencias ínfimas y de forma con las que nos etiqueta el sistema.

Como hemos mencionado antes, y a modo de conclusión, el trabajador europeo debe primero cambia El “chip” de su conciencia, hoy en día aburguesada, y darse cuenta que la tarea del Estado no es la de un circo y garantizarnos la adquisición de la TV de plasma, las zapatillas Nike o el automóvil, porque al fin del hombre no es el que de mantenerse vegetando, debemos situarnos e identificarnos como lo que somos. Dejemos a un lado las diferencias superficiales con las que nos etiqueta el sistema, somos trabajadores, somos el motor de nuestro pueblo, y exigimos una existencia digna. Somos un pueblo trabajador, eficaz y capaz, y somos nosotros los que forjaremos nuestro destino. El día que el rebaño que es trabajador Europeo se convierta en horda cambiara su destino y el de toda Europa. El trabajo nos debe hacer libres y no esclavos de vellocinos de oro. Porque lo importante no es que una clase nueva llegue al poder, sino que una humanidad nueva, al mismo nivel que las demás figuras de las historia, cubra con un significado propio el espacio de poder.

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